Aransuset
En el pálido musgo desolado
un hombre lento descansa
El frío que lo tiene amordazado
lo atornilla y no avanza
Un amante erudito de joven
que a su madre imaginaba santa
Dejó que mujeres sus carnes adoben
y en eso su deseo de conocerla se agiganta
No temió el invierno ni vientos
no precisó nunca un compañera
su cuerpo andariego desconocía los cementos
y su cabeza olvidaba su era
La peste consumía vidas
y Lena con el joven correría
De comer con Roberto bayas
y cabras encontradas viviría
El joven que ya no vive
dejó un San Juan bien tallado
despedida de sus amantes recibe
y del maestro Nicolao
Algunos segundos más.
Hoy que por alguna rubia razón no es un día igual
la música me sabe a una cerveza importada,
la arena me quema menos y sus cristales no están.
Describo laberintos como líneas rectas sin espejos,
como unos ojos cerrados.
Hoy que la mañana me dijo que hace ochocientas y algo semanas estás,
que hace tiempo que rondas por ahí, con ojos de infante que pese
al tiempo y a las circunstancias no se desvanecen.
Que andas con unos pies que el mundo
se ha encargado de ensangrentar,
y que le sonríes a las sombras
como si ya no soñaras con princesas duendes y brujas.
Es injusto felicitarte por aumentar tu edad.
Es injusto felicitarte por caer cada día más en el juego de la vida,
por deteriorar los recuerdos de mañanas que si piensas
pueden ser recordadas sin tristezas.
No quiero que te sientas felicitada por estar más cerca
de un nuevo número de identificación, espero
que comprendas que esta, si le quieres llamar felicitación,
es por existir, y por sonreír… claro, y por enamorar a
esos locos que suelen acceder a la impuntualidad.
Por pertenecer al elenco de los buenos deseos del cielo
y por ser tú.
Hoy, también quiero reiterarte y recordarte, que todos,
todos los días te quieren,
pero que ninguno lo hace tanto como yo.